Junio 2011
¡¡Nuevo número del periódico literario!! Brujas en nuestra sección de "Mitos y leyendas", un nuevo acertijo como cada mes y una frase sobre amor y guerra, para darle vueltas a la cabeza. Para descubrirlo haz click sobre "Periódico Literario", que se encuentra en la parte de arriba del blog.
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martes, 11 de octubre de 2011
¡ES OTOÑO!
El otoño es una época triste, pero también alegre.
De nuevo comenzamos las clases, la rutina, los deberes, el trabajo, los exámenes…Decimos adiós a un estupendo verano de risas y ratos divertidos para volver a empezar. Nuevo curso, nuevos profesores, nuevos libros…El suave calor veraniego va desapareciendo, mientras el cielo se cubre de nubes, y poco a poco deja paso al otoño, a las chaquetas, a los paraguas, a los pantalones largos…Cada día anochece antes y hay más hojas tiradas por las calles, los árboles dejan atrás su color verde y lo cambian por tonos amarillentos, marrones y rojizos.
Pero no todo es negativo en esta época, también hay cosas buenas. Tumbarte en la cama y poder taparte sin pasar calor, llegar a casa del frío de la calle y comerte un plato bien caliente, ver a tus compañeros de clase después de tres meses…
Atrás quedan las piscinas y los helados, ahora vuelven las castañas y las hojas esparramadas por todas partes… ¡Es otoño!
domingo, 8 de mayo de 2011
LA CASA DE LA ABUELA
Alba deshizo la maleta, se tumbó en la cama y comenzó a recordar. Recordó esos largos veranos que pasó allí, con la abuela, con los primos, con los tíos... De esas mañanas cuando bajaban a la cocina y había tostadas calientes esperando a la mantequilla y a la mermelada. De esas noches en las que jugaban a las cartas, y alguno de los primos terminaba enfadado, pero no por mucho tiempo.
Se hizo de noche, y Alba se durmió. Entre sueños, comenzó a oír una dulce melodía. Alba estaba aun medio dormida, pero la melodía seguía sonando, lejana, pero cercana en su memoria. Alba, ya algo más espabilada, abrió la puerta y sin saber por qué sí o por qué no, empezó a andar por el pasillo. Con cada paso que daba, la melodía se hacía más fuerte. Por su cabeza circularon varias imágenes, la de la abuela, la de unos collares, la de una bailarina dando vueltas sobre un eje... Alba pensó que segunramente fuera un sueño, y para comprobarlo, se chocó contra la pared. Cuando se repuso del golpe, continuó andando, hasta que descubrió que la melodía provenía de arriba, del techo. Allí estaba el desván, donde la abuela no les dejaba subir, pero, ¿ahora estaba la abuela? Como la respuesta fue que no, Alba saltó, agarró la pequeña cuerda y tiró hacia abajo, desplegando una escalera de madera. Alba puso sus pequeños pies en los peldaños, y cuando llegó a arriba, tiró de la escalera y la guardó. Cuando se dio la vuelta, todos los muebles de la abuela, sus cuandros que pintaba, todo, estaba allí. Empequetado, con sábanas por encima y saquitos para las polillas. Había un mueble y encima, un joyero que hacía la melodía. Era de la abuela, y eso emocionó a Alba. Al lado del mueble había un baúl, y dentro, para sorpresa de Alba, había disfraces, hechos por la abuela para sus nietos. Alba sientió como la niña que llevaba dentro, salía. Esos colores eran maravillosos, al igual que la abuela, que sus primos, que los veranos, que la casa, que la infancia. Porque, aunque de pequeños queremos ser mayores, de mayores queremos volver a ser pequeños.
lunes, 25 de abril de 2011
PABLO Y SUS AMIGOS EN..."EL GRAN PARTIDO''

Pablo seguía nervioso, había aprobado el examen y ahora estaba en el equipo de fútbol, pero la idea de jugar un partido contra el mejor equipo de la ciudad, "Los Águilas", no le hacía mucha gracia...
Llegó el entrenamiento del jueves, el último antes del partido. Víctor puso a correr a los chavales, pero todos tenían el ánimo por los suelos.
-¡Chicos parad!- dijo el entrenador.
-¿Qué pasa Víctor?- preguntaron todos a coro.
-No, la pregunta es que ¿qué os pasa a vosotros? Os recuerdo que solo es un partido amistoso, la temporada aún no ha empezado. Además os he traído una sorpresita...
Por detrás de las gradas salieron las chicas de su clase, vestidas de animadoras y cantando una canción que decía así:
"¡Nuestro cole vencerá!
¡Vosotros podéis!
¡Víctor, Pablo, Andrés y Juan!
¡Seguro que ganaréis!''
Los chicos se animaron, incluso a alguno que otro se le puso la cara
como un tomate...
Y con este pequeño empujoncito empezaron a entrenar con más ganas, tantas que Víctor les felicitó al final del entrenamiento, pues lo habían hecho mejor que nunca.
Casi sin darse cuenta llegó la mañana del sábado. Pablo estaba en su casa, atándose las botas de fútbol. Toda la familia estaba muy emocionada, en especial su padre. Se montaron en su monovolumen verde y emprendieron el viaje.
Pasados unos 15 minutos, Pablo estaba en los vestuarios con sus compañeros. En seguida salieron al campo y el árbitro pitó para dar comienzo al partido.
Estaban el final del primer tiempo y "Los Águilas" iban ganando por dos goles. Llegó en descanso, Víctor les dijo que siguieran así de bien en la defensa, pero que atacaran con más intensidad.
AL empezar la segunda parte los chicos hicieron caso a su entrenador, y al cabo de unos 10 minutos, Pablo se coló por el lateral derecho, y como el portero estaba despistado no pudo parar el fuerte disparo.
-Goooool- se oyó desde las gradas
Pablo se había quedado pasmado y todos sus compañeros le abrazaban. "Los Águilas" tampoco se creían lo que acababan de ver.
Solo quedaban 3 minutos para el final. Pablo pasó a Marcos, y éste a Hugo que lanzó a la portería y metió gol. ¡Habían conseguido empatar! Todos estaban contentísimos, bueno, todos menos los del equipo contrario.
Entre besos, abrazos y felicitaciones Pablo oyó a alguien que le llamaba desde debajo de las gradas. Se acercó y vio que era Cristina, la chica más guapa de su clase...
Continuará...
Si quieres saber que le pasa a Pablo con Cristina, no te pierdas PABLO Y SUS AMIGOS EN..."EL PRIMER AMOR"
Si quieres leer la primera parte de la historia haz click aquí
martes, 12 de abril de 2011
LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE
Era de un talle tan fino que parecía que las hojas se le iban a caer de un lado a otro. La flor, una preciosa orquídea blanca y morada, estaba preparada para su “ducha” diaria. Olga se acercó a ella y, con una gran regadera verde, vertió un poquito de agua sobre la tierra. Hizo lo mismo con las otras plantas, decenas, incluso centenares de plantas. Olga comenzó de muy joven en el oficio de la jardinería. No supo que era su verdadera vocación hasta que conoció a Marco, un guapo italiano apasionado de las plantas. El le descubrió que las plantas no son sólo eso, plantas, sino que tienen algo, no sabía qué, que atraía a las personas. Olga abría cada día su tienda y, cada día, una anciana entraba en ella, miraba las plantas y, finalmente, compraba una margarita. Sólo una, una al día. ” ¿Para qué la querrá? “, se preguntaba Olga cada día. Día tras día, la anciana sólo compraba una margarita. Olga, mostrando una imaginación desbordante, imaginó una y mil cosas, desde las más bonitas a las más tristes, desde las más extrañas hasta las que no pasan todos los días. Pero, un día, la anciana cambió su extraña rutina. Esta vez, en vez de comprar una sóla margarita, compró dos -“Hoy tengo menos esperanzas “, le dijo la anciana. “¿A qué se refería ¿” Pero, al día siguiente, la anciana volvió a comprar una sóla margarita. Olga, que sentía curiosidad por lo que hacía la anciana con las margaritas, decidió seguirla para ver dónde iba. La siguió sigilosamente por las calles de la ciudad. Llegaron a un parque en el que había muchos niños corriendo y saltando; a la señora se le dibujo una sonrisa en la cara. Olga, a unos metros de ella, intentaba averiguar dónde iba. Siguió imaginando lugares, hasta que se detuvo a pensar si lo que estaba haciendo estaba bien o no. Cuando dejó de pensar, vio a la mujer, que estaba más alejada y le daba la espalda. Cuidadosamente, se acercó a la señora. Vio que estaba deshojando la margarita mientras decía muy bajito:” Sí…, no…sí…no…”.Cuando acabó de deshojarla, le había salido un “no”.Se levantó y se dijo:” Mañana volveré a probar. Seguro que tendré más suerte”. Se dio la vuelta, pero no vio a Olga, que había oído todo. Se dijo a si misma: “Ya sabes, Olga, la esperanza es lo último que se pierde”. Marco tenía razón: Las flores tienen algo, algo misterioso y especial que atrae a las personas.
sábado, 26 de febrero de 2011
LA VIDA DE KARINA III
¡Hola! La mayoría ya me conocéis pero por si acaso voy a presentarme: me llamo Karina y nací en el año 1979.
Voy a seguir contándoos la aventura del otro día, cuando conocí a Raúl.
Voy a seguir contándoos la aventura del otro día, cuando conocí a Raúl.
Después de que él me contara que sus padres lo querían llevar a un internado, me quedé destozada.
A las cinco y media, como acordamos el día anterior fui a casa de Raúl, para hablar con sus padres.
-Hola, buenos días, soy Karina.
-Hola, ¿qué quieres?-me dijo su madre al abrir la puerta
-¿Puedo pasar? Quería hablar con ustedes sobre Raúl.- dije yo, muy nerviosa.
-Claro, pasa, pasa. Puedes tutearnos, que hay confianza.
Les expliqué que no podían enviar a Raúl a un internado, pero ellos no me hacían caso, pensaban que el tenía que aprobar, y me dijeron que cuando sacara buenas notas, le dejarían volver. Pero yo no podía permitir que aquello pasara, no quería que estuviéramos tanto tiempo separados. El padre de Raúl se fue, tenía que ir a trabajar. Yo me quedé sola con su madre, tenía que convencerla...
-No puedes dejar que se vaya a un internado...yo entiendo que el tiene que mejorar en sus estudios pero...
-¿Pero qué?-dijo su madre
-Pero es que yo...¡le quiero! ¡Estamos enamorados y no dejaré que se vaya!
Su madre se quedó con los ojos a cuadros, no sabía que decir así que yo seguí con mi "discurso".
-Prometo que le ayudaré a estudiar, y si en este trimestre no saca buenas notas...aceptaré que se tenga que marchar...aunque me duela mucho.
La madre de Raúl se quedó pensando, estaba muy impresionada por mis palabras, y al cabo de unos minutos dijo:
-De acuerdo, me has convencido, has demostrado que le quieres mucho y que harás lo posible para que no se marche.
Su madre y yo nos abrazamos y yo me fui, tenía que contárselo todo a Raúl.
Fui corriendo a la biblioteca, donde le vi sentado, estudiando. Salimos a la calle y se lo conté todo. ¡Estábamos muy contentos! Él me dio un beso y ahí comenzó una nueva etapa de mi vida, siempre a su lado.
Y esa es la historia de cómo conocí a Raúl, y aunque pasamos por muchas cosas todavía a día de hoy nos seguimos queriendo un montón.
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Realista
2:15 AM
Me desperté , y a diferencia de todos los días, no miré el reloj. Vi la ropa, y pensé en vestirme. También pensé en el examne que tenía a primera hora, de matemáticas. No me salían muy bien los ejercicios, estaba muy nerviosa. Cogí el chándal y me fui al salón. La casa estaba en silencio. Me quité el pijama y me puse la ropa. Ese día no tenía hambre, comería algo en la cafetería del instituto. Cuando acabé, fui al baño, y como cada día, me lavé, me peiné... Vi la mochila al final del pasillo, lista para un nuevo día de clase. Fui a la habitación a coger mis zapatillas , me las puse y también el abrigo. Fui al final del pasillo y cogí la mochila. Al ir a abrir la puerta, miré el reloj que estaba colgado al lado de ésta. Mi madre se empeñó en colgarlo ahí, y menos mal, porque eran...¡Las dos y cuarto de la mañana! Me quité el abrigo y el chándal, dejé la mochila y volví a la cama. No sabía qué me había pasado, solo tenía una cosa clara: ¡¡Menos mal que estaba allí el reloj!!
lunes, 10 de enero de 2011
REFLEXIONES EN UN ABURRIDO PRIMER DÍA DE CLASE
El profesor de Ciencias hablaba sin parar, aunque yo no entendía nada de lo que decía, miraba mi reloj una y otra vez, estaba aburridísima...
Entonces Pablo, el profesor, se dio la vuelta y me señaló con el dedo:
-Marisa, ¿cuales son las funciones vitales de los seres vivos?
-Eh...ejem...yo...
-¿Así que no te estabas enterando de nada de lo que estoy explicando?
Yo bajé la cabeza, tenía que comprender que era el primer día después de las vacaciones... Pero creo que él no lo entendió muy bien, cuando me mandó levantarme y ponerme al final de la clase. Pero yo era la que no entendía nada, no podía comprender como el primer día de clase después de Navidad ya dábamos la lección como si fuera ,octubre, noviembre, diciembre, febrero, marzo, abril, mayo, junio... ¡Sólo de pensar en todos los días de colegio me dan escalofríos! Mi compañero de mesa, Marcos, me ha dicho que en cuanto acabe el colegio, va a estar un año sin hacer nada. He pensado varias veces hacerlo, pero estoy segura que ni mis padres ni yo misma nos dejaríamos hacer eso. Si lo piensas bien, no es tan malo venir a clase, aprendemos muchas cosas y al menos podemos estar con nuestros amigos... Pero , los deberes, los exámenes...son tan aburridos... Me encantaría poder venir una o dos semanas al colegio, pero...¡creo que no es posible!
-¡Mañana examen-Gritó la profesora de Física y Química.-! ¡No estudíais, sois la vagancia personificada!
¡Pero cómo vamos a estudiar si es el primer día de clase...!
Creo que hay cosas, que por mucho que se quiera, nunca cambian...
sábado, 8 de enero de 2011
SOBRE EL HIELO
El "ángel", el "tulipán", nada se le resistía. Corría montada en sus patines de cuchillas, alcanzando mucha velocidad. Su entrenadora, Sandra, le animaba desde fuera de la pista. Alguna caída que otra, volteretas y adrenalina. Sandra le hizo un gesto con la mano para que parase y se acercase a ella.-Muy bien, Claudia. Intenta que la vuelta sea mas perfecta, ya sabes que los jueces no perdanan ese tipo de fallos. Cuando vayas a dar la vuelta, muévete con todo, no solo los brazos, y no olvides cerrarte cuando ya estes dando la primera vuelta.
-Vale, lo intentaré.
-¿Quieres descansar? Debes estar agotada.
Claudia salió de la pista. Ella tenía 16 años y llevaba patinando apenas 5, pero ya se estaba entrenando para la competición nacional. Había ido a la competición local, quedando en un 2º puesto, y a la provincial, quedando también en el 2º puesto. Ella no había nacido en España; nació en Etiopía y fue adoptada por un matrimonio joven cuando ella solo tenía 3 años.
Pasaron los días y Claudia no dejaba de patinar, apenas dormía, los nervios no la dejaban. En la víspera del campeonato fue a Madrid, para ver y entrenarse en la pista en la que más tarde debería competir. La acompañaron sus padres y Sandra. El día del campeonato, conoció a una chica de su misma edad y de Barcelona. Ella competía desde que tenía 3 años, pero a diferencia de Claudia, odiaba el hielo, solo competía por sus padres.
Claudia calentó junto con Luna, la chica de Barcelona. La primera chica en salir fue una bastante bajita, que tenía el pelo recogido en un moño del que le colgaban unas estrellas verdes y rosas, a juego con su maillot. Hizo un número perfecto por lo que le dijeron sus padres y Sandra a Claudia, que de los nervios no había querido ni mirar. Por suerte, ella era la segunda en salir. Estaba muy nerviosa, le sudaban las manos y le dolía el estómago. Salíó hasta el centro de la pista, donde una chica le dio un micrófono.
-Hola-le dijo una de las jueces, que estaban sentados en una mesa alargada.-, preséntate.
-Pues...me llamo Claudia Martínez, tengo 16 años, y...-Claudia no sabía que más decir.
-¿Desde cuándo llevas patinando-Preguntó otro juez-? ¿Quién es tu entrenador o entrenadora?
-Pues...llevo patinando desde que tengo 11 años-Cuando Claudia dijo esto, todos se sorprendieron mucho, lo normal esque los patinadores se entrene desde que eran muy pequeños-, y mi entrenadora se llama Sandra.
-Muy bien, ya puedes empezar.
Claudia le dio el micrófono a la azafata-patinadora y todos la aplaudieron muy fuerte para darle ánimos.
Primero cogió un poco de velocidad yendo por el lateral derecho, al llegar a la esquina, cruzando los pies giró hasta estar en el lateral izquierdo donde volvió a cruzar los pies y empezó a hacer un círculo, cada vez más pequeño hasta llegar a un punto donde no podía dar mas vueltas. Volvió a coger velocidad, dio un par de vueltas y cuando tenía la velocidad necesaria para hacer la figura, levantó la pierna hacia atrás e inclinó el cuerpo hacia delante. En ese número todo el mundo la aplaudió muy fuerte. Era la figura del ángel. Volvió a tomar velocidad, levantó el pie derecho un poquito, también levantó los brazos poniendolos en cruz. Luego volvió al centro, se paró, y todo el mundo pensó que había terminado su número, pero, en cuanto la gente que estaba sentada en las gradas del estadio, ella tomó impulso, giró sus brazos y comenzó a dar vueltas. ¡Le quedó perfecta! Entonces si se había acabado el número. Claudia esperó a que los 6 jueces decidieran sus votos: 9-8-9-7-9-9= 51 puntos. Cuando se acabaron los númeors de todas las participantes...¡¡Se supo que Claudia había ganado!!
lunes, 6 de septiembre de 2010
SEAFORD SENIOR HIGH SCHOOL
LA NUEVA CAPITANA Rachel estaba nerviosa. La señora Douglas tenía el rostro de una persona de treinta años, pero en realidad, superaría los cincuenta. Tenía el pelo corto, teñido de rubio y llevaba un chándal azul con una gran S en el pecho: Seaford Senior High School.
-Tú debes ser Rachel, la nueva en el Instituto.
-Sí,-Dijo Rachel, desde la puerta del gimnasio-usted es la señora Douglas.
-Sí, venga, no te quedes ahí parada. Hazme un número, el de tu antiguo Instituto.
-Vale.
Entonces, Rachel empezó a hacer el número estrella de su antiguo Instituto.
-¡Dame una M, dame una U, dame una S, dame una I, dame una C! ¡Muuuuusic!
Entre voltereta y voltereta, Rachel cantaba, sin que su voz cambiara cuando estaba boca abajo, el himno de su antiguo Instituto. Su padre era un gran abogado y su madre no trabjaba. "Motivos de trabajo", alegaron sus padres cuando les dijeron a Rachel y a Matt, su hermano, que debían mudarse de estado, de una gran ciudad como es Seattle a pueblo cercano a Nueva York llamado Seaford.
-¡Perfecto!-Dijo la señora Douglas, aplaudiendo, al igual que todas las animadoras.-¡Perfecto! ¡Ven, Rachel, acercate.
Cuando Rachel se acercó, la señora Douglas la agarró por el brazo y la llevó fuera del gimnasio, entre los murmullos de las animadoras.
-El año pasado se fue del Instituto la capitana de las animadoras, Queen. Desde entonces he buscado entre las que quedaban una buena capitana, pero no he encontrado ninguna, excepto a tí.
-¿Yo? ¿Capitana? Pero...
-Pero nada. El Instituto Music te curtió bien, pero yo quiero curtirte más. Eres un pequeño diamante y te mueves como una santimbanqui profesional-Dijo la señora Douglas, con una sonrisa en el rostro-.¿Crees que llevas un azulejo dentro?
-Sí, creo que sí, señora Douglas. Gracias por confiar en mí y en mis posibilidades.
-La chica nueva se va a presentar a animadora.-Dijo Sharon a su hermano Jason.-Es muy guapa.
-Me da igual, estoy centrado en el atletismo.
-Que sepas que no todo en la vida es correr, también hay que disfrutar, a pesar de que el señor Cat os diga lo contrario. Anda, pasate a ver los ensayos, ya no solo por la chioca nueva, si no por mí.
-¿Te has apuntado al club?
-Sí, por fín me he decidido.
-Me parece estupendo. Claro que te voy a ver.
-A las cuatro, ni un minutos más ni uno menos.
-Allí estaré.
-Os presento a la nueva capitana de las animadoras, Rachel.
La sorpresa se notaba en todas y cada una de las caras de las animadoras.
-¿Ella?-Exclamó Amy, una chica pelirroja, repetidora de 2º curso por tercera vez, levantandose de la butaca de la grada.-¡Si acaba de llegar! Si ella es la capitana, yo dejo el club.
-Muy bien, ya puedes irte.-Contestó la señora Douglas. Algunas animadoras abrieron los ojos en señal de felicidad. Rachel también los abrió a la vez que bajaba la cabeza, esta vez en señal de vergüenza. -Ahí tienes la puerta.
Amy bajó hasta la pista, miró a la señora Douglas y después a Rachel. A los pies de ésta tiró sus pompones azules oscuros.
-Ya tienes pompones, Rachel. Tenemos que reducir gastos.
Rachel se agachó y cogió los pompones.
-¡Señora Douglas, las cuatro!
-Muy bien. Comencemos el ensayo. ¡Jason, qué sorpresa! ¡Cuánto tiempo!
El chico entró al gimnasio y se sentó arriba del todo. Sharon subió y le contó lo que había ocurrido con Rachel y con Amy y quién era Rachel y quien era Amy...
-¡Sharon! ¡Venga! ¡A calentar!
-Voy.
-Venga, talones, chicas, el campeonato se acerca, ¿no es así Jason?
-Así es, señora Douglas.
lunes, 2 de agosto de 2010
VISITA A LA ABUELA
¡Corre, corre!- dijo Sandra
¡Ya voy! ¡No puedo correr mas!- le contesté
Como cada verano Sandra y yo íbamos juntas a Lupfig, un pueblecito situado en Suiza. Todos los años nos desplazábamos hasta allí para visitar a la abuela, que nos recibía con ilusión.
Al llegar a l
a puerta de embarque observamos que no había nadie y tan solo quedaban 10 minutos para partir. Rápidamente Sandra y yo miramos las pantallas y habían cambiado la puerta de embarque.
Quedaban solo 4 minutos cuando llegamos, enseñamos los pasaportes y fuimos corriendo hacia el autobús. Nos montamos y en muy poco tiempo llegamos al avión. Avanzamos por las escaleras y una vez dentro buscamos nuestros correspondientes asientos, el 22 A y el 22 B.
Mi prima y yo estábamos tranquilas, pensando que todo se había resuelto y que el resto del viaje sería pacífico, pero no fue así...
Llegó la hora de comer, en el avión no había mucha variedad, así que pedimos unos bocadillos. La comida no estaba incluida en el billete, por lo que teníamos que pagar aparte. En ese momento fui a sacar mi monedero y me di cuenta de que no estaba en el bolso. Lo busqué en los asientos y en la mochila del equipaje de mano. La azafata estaba impaciente y Sandra se estaba poniendo roja de vergüenza. Fue entonces cuando saqué del bolsillo izquierdo de mi pantalón 5 euros que me habían sobrado al comprar los refrescos en el aeropuerto. ¡Estábamos salvadas! Se los di a la azafata y me comí el bocata de jamón serrano con tomate.
Al llegar al aeropuerto de Zurich fuimos a la cinta para recoger las maletas. No tuvimos que esperar para ver un gran maletón rosa, el de Sandra, pero las maletas se acabaron y la mía no había salido.
Estaba cansada de este viaje y entonces apareció un hombre vestido con el uniforme del aeropuerto que traía mi maleta. ¡Que bien! Parecía que las cosas empezaban a salir bien.
Un hombre nos esperaba a la puerta, con un cartel que decía:
"Familia García"
Fuimos hacia él y nos explicó que era el vecino de la abuela y que nos llevaría a casa. Nos montamos en su coche y cuando llevábamos unos 15 minutos de viaje el coche se paró. ¡No tenía gasolina! Por suerte el vecino de la abuela llevaba una garrafa en el maletero, suficiente para llegar.
Nos acercábamos a Lupfig y vi la casa de la abuela desde lejos. Al acercarnos ella estaba en la puerta saludándonos.
Nos bajamos del coche, corrí hacia ella y la abracé con fuerza.
¡El viaje había merecido la pena!
¡Ya voy! ¡No puedo correr mas!- le contesté
Como cada verano Sandra y yo íbamos juntas a Lupfig, un pueblecito situado en Suiza. Todos los años nos desplazábamos hasta allí para visitar a la abuela, que nos recibía con ilusión.
Al llegar a l
a puerta de embarque observamos que no había nadie y tan solo quedaban 10 minutos para partir. Rápidamente Sandra y yo miramos las pantallas y habían cambiado la puerta de embarque.Quedaban solo 4 minutos cuando llegamos, enseñamos los pasaportes y fuimos corriendo hacia el autobús. Nos montamos y en muy poco tiempo llegamos al avión. Avanzamos por las escaleras y una vez dentro buscamos nuestros correspondientes asientos, el 22 A y el 22 B.
Mi prima y yo estábamos tranquilas, pensando que todo se había resuelto y que el resto del viaje sería pacífico, pero no fue así...
Llegó la hora de comer, en el avión no había mucha variedad, así que pedimos unos bocadillos. La comida no estaba incluida en el billete, por lo que teníamos que pagar aparte. En ese momento fui a sacar mi monedero y me di cuenta de que no estaba en el bolso. Lo busqué en los asientos y en la mochila del equipaje de mano. La azafata estaba impaciente y Sandra se estaba poniendo roja de vergüenza. Fue entonces cuando saqué del bolsillo izquierdo de mi pantalón 5 euros que me habían sobrado al comprar los refrescos en el aeropuerto. ¡Estábamos salvadas! Se los di a la azafata y me comí el bocata de jamón serrano con tomate.
Al llegar al aeropuerto de Zurich fuimos a la cinta para recoger las maletas. No tuvimos que esperar para ver un gran maletón rosa, el de Sandra, pero las maletas se acabaron y la mía no había salido.
Estaba cansada de este viaje y entonces apareció un hombre vestido con el uniforme del aeropuerto que traía mi maleta. ¡Que bien! Parecía que las cosas empezaban a salir bien.

Un hombre nos esperaba a la puerta, con un cartel que decía:
"Familia García"
Fuimos hacia él y nos explicó que era el vecino de la abuela y que nos llevaría a casa. Nos montamos en su coche y cuando llevábamos unos 15 minutos de viaje el coche se paró. ¡No tenía gasolina! Por suerte el vecino de la abuela llevaba una garrafa en el maletero, suficiente para llegar.
Nos acercábamos a Lupfig y vi la casa de la abuela desde lejos. Al acercarnos ella estaba en la puerta saludándonos.
Nos bajamos del coche, corrí hacia ella y la abracé con fuerza.
¡El viaje había merecido la pena!
jueves, 8 de julio de 2010
AMOR FUGAZ

Querido diario:
Estoy en Almería con mi ordenador portátil, en frente del mar, el sonido de las olas es tan relajante... He conocido a un chico, bueno, más bien, lo veo todos los días. Tendrá más o menos mi edad (más tirando a más que a menos, porque él ya trabaja). Trabaja de botones en mi hotel. Es alto y delgado, moreno y lleva gafas. LLeva un anillo. Al principio pensé: "¿No es muy joven para estar casado?" Pero ayer "me tiré a la piscina" y me acerqué a él en el ascensor. No era una alianza ni nada por estilo, es más, era un anillo bastante cutre. Por la tarde bajamos mis padres, mi hermano y yo a la piscina del hotel. Estaba allí, con una señora muy estirada que daba muchos aspavientos. Me dio pena del pobre chico, ¡le tenía mareado la pesada! No he dejado de pensar en él desde que le ví, el primer día que llegamos. Me subió mi maleta y cada vez que la veo... No menciono el nombre, básicamente porque no lo sé. Nadie lo sabe, sólo tú, mi pequeño ordenador portátil, que me salvas de tanto aburrimiento cuando bajamos a la playa y se ponen a hacer catillos de arena... Los odio, los odiaba de pequeña y los odiaré cuando sea mayor. Es una pena que, según mis fuentes(una niña de Andorra que conocí hace un par de días, que investiga por ahí) solo vaya a trabajar este mes y...¡No me había dado cuenta, pero yo me voy en dos días! No me había acordado, estaba en una nube desde que le ví y además, aún no he cogido demasiado color para presumir en el pueblo. No sé que hacer. De momento, voy a levantarme de la tumbona, voy a cogerte y vamos a ir corriendo al hotel para verle a ÉL. Después de cenar sigo escribiendo.
Son las nueve y media, en tres horas empieza la verbena y no voy a ir. Alicia me ha dicho que va a estar allí trabando de camarero, pero me da igual, no me gustan las verbenas. Esta tarde cuando le he visto, estaba tan tranquilo, sentado en una silla de la recepción, esperando huéspedes que quisieran que les subiera las maletas. Espero que se lo pase muy bien. Mañana vamos a la playa de Roquetas de Mar. Yo no quiero ir, quiero quedarme aquí aunque sea en la habitación viendo la tele. Mañana escribo un poco más, ahora empieza mi serie favorita y no me lo pierdo por nada del mundo, ni siquiera por que esté de vacaciones.
Son las diez, me he levantado hace hora y media, para convencer a mis padres y lo he conseguido. Se han ido hace diez minutos. Pero no estoy contenta. Me ha roto el corazón. He acompañado a mis padres hasta la puerta del hotel, y allí, yo esperaba que estuviera subiendo o bajando maletas, pero no, lo encontré sin el uniforme, vestido de calle y con una chica, muy guapa, rubia y alta. Se estaban besando. Mis padres ya se habían ido a la playa, que si no me voy con ellos aunque no llevaba puesto el bañador. Ahora me voy a bajar a la piscina con Alicia y luego vamos a comer las dos en mi habitación. Creo que esto ha sido un amor fugaz.
miércoles, 7 de julio de 2010
Y AHORA SOMOS SEIS
Cintia vivía en Santiago de Campostela con su padre, Carlos y con su madre, Adela. Cintia iba al colegio y tenía muchos amigos. Ella tenía seis años. Un día, su madre se quedó embarazada. A Cintia le hizo mucha ilusión tener un hermanito o hermanita con el que jugar. Entonces,hubo una ecografía que al médico le pareció rara. Veía muchos brazos, muchas piernas.
..
¡En vez de un niño venían tres! Cuando se lo contaron a Cintia, se sorprendió mucho, y empezó a pensar cómo iban a dormir los bebés en su casa, porque era muy pequeñita. Pasaron los meses, y ante la idea de cómo iban a dormir sus hijos, Adela y Carlos buscaron una nueva casa con más habitaciones. Buscaron y buscaron pero no encontraron nada adecuado para los seis. La fecha del nacimiento cada vez se acercaba más, y la madre cada vez podía moverse menos para buscar casa. El padre encontró de casualidad una casa, a las afueras de Santiago, perfecta para los seis.
Y así sigue siendo, cinco años después, incluso el día de la comunión de Cintia, ella ayudó a su padre y a su madre con Daniel, Beatriz y Diana.
¡En vez de un niño venían tres! Cuando se lo contaron a Cintia, se sorprendió mucho, y empezó a pensar cómo iban a dormir los bebés en su casa, porque era muy pequeñita. Pasaron los meses, y ante la idea de cómo iban a dormir sus hijos, Adela y Carlos buscaron una nueva casa con más habitaciones. Buscaron y buscaron pero no encontraron nada adecuado para los seis. La fecha del nacimiento cada vez se acercaba más, y la madre cada vez podía moverse menos para buscar casa. El padre encontró de casualidad una casa, a las afueras de Santiago, perfecta para los seis.
Al día siguiente de que Carlos encontrara casa, nacieron los tres, dos niñas y un niño. Cuando Cintia se enteró, anotó en un papel los nombres que quería para sus hermanitos. Al final, se quedaron con Daniel, Beatriz y Diana.
Cuando Adela llegó a su casa nueva, apenas con las cosas de los cuatro, hicieron unas normas para Cintia:
Y así sigue siendo, cinco años después, incluso el día de la comunión de Cintia, ella ayudó a su padre y a su madre con Daniel, Beatriz y Diana.jueves, 1 de julio de 2010
HAZME UN HUECO
Hola a todos. Me llamo Verónica Cube y os voy a contar como llegué a ser una diseñadora de moda famosa internacionalmente. Desde pequeña quise ser diseñadora, pero no de esas que hacían prendas que no se podían vestir normalmente y que sus modelos eran como maniquíes, "palos vestidos", como suele decir mi tía. Bueno, vamos al grano. Todo comenzó cuando yo tenía veinte años. Sólo faltaban seis días para cumplir los veintiuno. Por entonces yo trabajaba en la tienda de ropa de mi madre. Estábamos en rebajas y eran imposible ver a todo el mundo. Entonces, una señora mayor, alta, delgada, con el pelo recogido en un moño y un traje de chaqueta y falda gris se me acercó al mostrador en el que yo cobraba a las clientas.
-Hola.-le dije mientras ella me daba el pañuelo de seda rosa que se disponía a comprar.-Son diez euros, por favor.
Mientras ella me daba el dinero, me dijo:
-Me llamo Abril Silva. Soy la dueña de una importante marca de moda: Abril Silva's moda. Me gustaría contratarte en fase de pruebas para que me hagas unas prendas para la colección primavera- verano 2010. ¿Qué te parece?
-¿Me lo está preguntando de verdad? Por supuesto que quiero.
-Muy bien, te espero mañana en París. ¡Hasta mañana!
Me dejó con la palabra en la boca. Además, ¿cómo iba a conseguir un billete de avión en menos de veinticuatro horas? Lo único que podía hacer es llamar a un amigo mío que trabajaba en una agencia de viajes. Y aunque trabajaba ahí, le costó mucho trabbajo encontrarme un vuelo a la hora adecuada y con el precio adecuado.
Cuando llegué al aeropuerto "Charles de Gaulle", había un hombre con un cartel en el que ponía "Verónica Cube". No sabía que hacer, si ir o no ir hacia él. Al final, decidí ir hacia él. ¿Sabeis qué pensé? "Si no he tenido miedo a venir a París por invitación de una desconocida, aunque conocida diseñadora de ropa, ¿voy a tenerlo de su posible mayordomo?" El mayordomo de Abril me llevó hasta el "Boulevard de Sébastol". Esa calle era preciosa. Allí, en uno de los múltiples edificios que había en ella, entramos Pierre (así se llamaba el mayordomo) y yo. Subimos dos pisos y allí, en letras grandes ponía en un cartel: "Ètudie de mode Abril Silva". Entramos y mis nervios eran cada vez más fuertes. Una chica estaba en el mostrador de entrada. Al ir hacia ella, Pierre se dio la vuelta y se fue. Yo, que ni sabía ni entendía nada de francés, tuve que hablar con ella. La verdad, ni me enteré yo de lo que me dijo, ni se enteró ella. Menos mal, que ella al ver que no nos entendíamos, habló por el teléfono con alguien. De esa conversación solo entendí mi nombre. La recepcionista me indicó un sillón, y yo interpreté que era que me sentara a esperar a alguien. A los cinco minutos de sentarme, apareció Abril, esta vez con una traje de chaqueta y pantalón negros. Me llevó hasta su despacho, allí nos sentamos en un sofá y empezó a enseñarme todos y cada uno de los diseños que habían hecho sus trabajadores. "Yo no soy diseñadora, sólo soy la dueña de un gran Emporio de Moda", eso es lo que me dijo. Me cayó muy bien, aunque era un poco estirada. Entonces, firmé el contrato y empezé a trabajar allí. En principio era solo para un año, pero al ver que yo trabajaba tan bien, me alargó el contrato dos años más. A los dos años y medio de estar allí, Abril me ofreció dejar de trabajar para ella y montar mi propio Estudio. Me pareció una idea descabellada. Tampoco sabía tanto de moda, me limitaba a hacer lo que más me gustaba, diseñar, pero no sabía cómo contratar a la gente, ni cómo llevar las cuentas, prácticamente no sabía hacer nada. Abril me dijo que eso no era problema, que ella tampoco nació enseñada y que las cosas se aprenden. A los dos meses, me trasladé a Madrid, donde estaría mi Estudio. Poco antes de cumplir los veinticuatro abrí mi estudio de moda, apoyada incondicionalmente por Abril, por mi mejor amiga Gloria y por toda mi familia. Al principio era un estudio pequeño pero poco a poco se fue haciendo más y más grande. Hasta que un día , y gracias a Abril, me ofrecieron participar en la Madrid Fashion Week. No me lo pensé dos veces y dije sí. Ese, según los periódicos, revistas y televisiones, fue mi lanzamiento directo al estrellato. Desde entonces, no me dejaron de dar premios, encargos y reportajes. Y así fue como me hize una diseñadora famosa, con los pies en el suelo.
jueves, 29 de abril de 2010
LA VIDA DE KARINA II
¡Hola! La mayoría ya me conocéis pero por si acaso voy a presentarme: me llamo Karina y nací en el año 1979.
Voy a seguir contándoos la aventura del otro día, cuando conocí a Raúl.
Para empezar después de aquel día en el descampado, cuando Raúl y yo nos besamos, nos da vergüenza mirarnos, apenas hablamos e incluso nos intentamos evitar en el instituto. Y claro, yo no podía permitir que nos separásemos de aquella manera después de lo que había pasado. Y no se me ocurrió otra cosa que esperarle en la puerta de su casa, a las siete menos veinte. Era enero y hacía un frío que pelaba, pero aún así salí rápidamente de casa y esperé en el nº 24 de la calle Viernes.
Raúl tardó bastante en bajar y cuando me vio se puso rojo e intentó esquivarme, pero yo le llamé. Él, al fin, se dio la vuelta y se acercó hacia donde yo estaba.
Yo le dije:
-¿Raúl que te pasa? ¿Estás enfadado conmigo?
-¡No!-contestó bruscamente
-¿Ya no te caigo bien? ¿Es todo por lo que pasó en el descampado?
-Déjalo, no quiero hablar del tema...
-¡Pero yo si!
-Esta tarde a las 18:30 en la ermita abandonada-dijo mientras cerraba la puerta.Voy a seguir contándoos la aventura del otro día, cuando conocí a Raúl.
Para empezar después de aquel día en el descampado, cuando Raúl y yo nos besamos, nos da vergüenza mirarnos, apenas hablamos e incluso nos intentamos evitar en el instituto. Y claro, yo no podía permitir que nos separásemos de aquella manera después de lo que había pasado. Y no se me ocurrió otra cosa que esperarle en la puerta de su casa, a las siete menos veinte. Era enero y hacía un frío que pelaba, pero aún así salí rápidamente de casa y esperé en el nº 24 de la calle Viernes.
Raúl tardó bastante en bajar y cuando me vio se puso rojo e intentó esquivarme, pero yo le llamé. Él, al fin, se dio la vuelta y se acercó hacia donde yo estaba.
Yo le dije:
-¿Raúl que te pasa? ¿Estás enfadado conmigo?
-¡No!-contestó bruscamente
-¿Ya no te caigo bien? ¿Es todo por lo que pasó en el descampado?
-Déjalo, no quiero hablar del tema...
-¡Pero yo si!
Las horas en clase se me hicieron eternas, no podía dejar de pensar en aquella frase. Nada más salir de clase, fui corriendo a mi casa para intentar verle. Cuando crucé la esquina me di cuenta de que estaba en la frutería comprando el pan.
-¡Raúl, Raúl!-Tengo prisa, me están esperando para comer.
-A mí también pero quiero hablar contigo.-Tengo prisa, me esperan, y como te he dicho esta mañana, a las 18:30 en la ermita abandonada.
Entonces, se dio la vuelta y se fue. No sabía que me iba a decir, y creo que esas tres horas fueron las peores de mi vida. A las seis menos cuarto me puse el abrigo y cuando abrí la puerta, mi abuelo se despertó:
-¿A dónde vas, Karina?
-Tranquilo abuelo, voy al instituto.-¿Te han castigado?
-No, pero el profesor de lengua ha dicho que los que queramos podemos ir esta tarde a repasar la lección.-Bueno, bueno. ¿Luego me vas a buscar al Bar de Tolín?
-Sí, usted no se preocupe que le voy a buscar. Adiós.Sabía que llegaba pronto, prontísimo mejor dicho, pero los nervios no me dejaban estar en casa. Corrí hacia la ermita, y a las seis ya estaba allí. No sabía si entra o qué hacer, así que me llené de valor y entré. Las paredes blancas y el techo medio en ruinas dejaban ver perfectamente aquella sala. En la primera fila, había un chico, sentado que no paraba de mirar de un lado para otro hasta que por fín se dio la vuelta y le pude ver la cara. Era, sin lugar a dudas, Raúl. Se había arreglado, se había peinado y olía bien.
-Hola, Raúl.
-Sientate por favor.-Claro. ¿Qué te ocurre conmigo, Raúl? Me evitas, no me hablas y...
-Karina, calla.-Me interrumpió- Desde aquel día sé que no me he portado como un caballero precisamente, pero es que ese mismo día mis padres me habían dicho que me iba de Madrid.-¿Qué? No puede ser. Si no llevas aquí ni seis meses.
-Ya, lo peor es que no nos vamos toda la familia, solo me voy yo.-¿Cómo que solo te vas tú?
-Sí, como he suspendido esta evaluación, y en el otro colegio me quedaron tres, me mandan a un internado.-No te puedes ir, Raúl.-Entonces, me volví valiente de repente y le dije-Te quiero.
-Y yo también, pero no hay vuelta atrás. La decisión es firme. Ayer mismo fuimos a ver el internado y mis cosas ya están empaquetadas.-¿Y si yo hablara con tus padres?-Yo sabía que no serviría para nada, pero la esperanza es lo último que se pierde.
-No creo que valga la pena. Aunque bueno, por intentarlo no perdemos nada.-Vale, ¿cuándo puedo ir a tu casa, que esten tus dos padres y que tú no estes?
-Pues, mi hermana va mañana a ballet de cinco a seis y media. Yo me voy a la biblioteca a esa hora y ya está, todo listo.
-De acuerdo allí estaré.
Continuará...
jueves, 25 de marzo de 2010
LA VIDA DE KARINA
Me llamo Karina y nací en el año 1979. Vivía con mi abuelo Gerardo, con mis padres y con mi hermana Belén. Os voy a contar un trozo de mi vida muy interesante: cuando conocí a Raúl.
Veréis, Raúl era un chico de mi barrio, el mas guapo de todos diría yo. El día que él llegó, parecía muy cortado e iba agarrado de su hermana Delia, de poco mas de dos años. En cuanto bajó del coche, mi amiga Lucía me empujó y me dijo que me ofreciera a enseñarle el barrio.Yo muerta de vergüenza, pero también de curiosidad, me acerqué lentamente:
- Hola, soy Karina...
- Ho...ho...hola...soy Raúl
-¿Quieres que te enseñe el barrio?
- Raúl asintió-
...
Los dos estábamos muy callados y no nos atrevíamos a decir nada, hasta que su hermana me invitó a que jugara a las muñecas con ella. Como acababan de llegar no fuimos a su casa, ya que estaría desordenada por la mudanza, así que se me ocurrió llevarlos al parque, si ese que está al lado del kiosco, ya sabéis el kiosco deToni.
Bueno sigo con la historia:
Al llegar me encontré con mi amiga, Lucía, que no paraba de reír y cuando yo la mire con cara de pocos amigos echó a correr.
Delia sacó sus muñecas y ella y yo nos pusimos a jugar. Después Raúl vino con nosotras y jugamos al escondite. Le tocaba contar a Raúl :
- Uno, dos, tres...
En ese momento cogí a Delia de la mano y comenzamos a correr para poder escondernos, teniendo la mala suerte de que Delia tropezó y empezó a llorar:
-Buah, buah...me duele mucho, auch..
- Tranquila Delia vamos a buscar a Raúl.
Y cogiendo a la niña en brazos fui a buscar a Raúl.
Raúl, un poco asustado al ver a Delia llorar mas que nunca antes vino corriendo hacia mi.Yo no sabía que decir, entonces senté a Delia en un banco y entre los dos latranquilizamos. Además se me ocurrió ir a casa a por una "sorpresa" para Delia:
-Hola, ya estoy aquí, mira Delia. - dije mientras mostraba una preciosa muñeca de porcelana con los ojos azul turquesa.
-¿Qué es eso? ¿Es para mi?- preguntó Delia
-Si, es para ti, ¿te gusta?
-¿Como se llama?
-Mmm...¡se llama Delia!Es casi tan guapa como tú.
-Gracias..¡Te quiero!- dijo Delia mientras me abrazaba.
En ese momento Raúl nos miró atónito a las dos, y yo le esbocé una gran sonrisa, a lo que el respondió cogiéndome de la mano y abrazándome. En ese instante me di cuenta de que estaba enamorada de Raúl y los dos nos pusimos colorados...
Al día siguiente habíamos quedado para dar un paseo por el barrio, fuimos hasta el viejo descampado y nos sentamos detrás de unos escombros, Raúl me cogió la mano y entonces...¡nos besamos! Este fue uno de los mejores días de mi vida, ¡mi primer beso! ¡No me lo podía creer! Y todo gracias a mi amiga Lucía, a una caída y a mi muñeca de porcelana...
Continuará...
domingo, 7 de marzo de 2010
PABLO Y SUS AMIGOS

PABLO Y EL EQUIPO DE FÚTBOL Pablo es un niño normal de 12 años, es como cualquiera de su edad solo que a él le pasan cosas super extrañas. Un día cuando Pablo iba por la calle con Mario, su mejor amigo,pasaron por la tienda de deportes ,Pablo vio unas zapatillas de fútbol y se le antojó apuntarse al equipo. Pablo se lo dijo a su madre una y otra vez que quería apuntarse al equipo y después de horas y horas la madre le dijo: -Puede que sí...-Estas fueron las mejores palabras que oyó Pablo en toda la semana... Un día después Mónica, su profesora, repartió los exámenes de matemáticas, pero los resultados no eran demasiado buenos...¡Pablo había suspendido! Pero no os sorperndais demasiado ya que solo tres en la clase habían aprobado... Cuando Pablo llegó a casa su madre le regañó y le dijo que no le iba a dejar apuntarse al equipo, a lo que Pablo respondió: -Pero..mamá si Mónica nos va ha repetir el examen...te prometo que voy a estudiar mucho y sacar muy buena nota... Aun así su madre no quedó demasiado convencida...Pablo estudiaba y estudiaba, hasta le pidió a su hermana Alejandra, con la que no se llevaba demasiado bien...
Y llegó el día del examen y Pablo fue el primero en acabar de toda la clase y mónica se lo corrigió.Cuando terminó llamó a Pablo:
-Pablo, ven aquí.
Pablo fue ala mesa de Mónica aunque iba un poco asustado...
-Mónica, ¿qué quieres?
-Toma Pablo tu examen, felicidades, has sacado un diez.
-¿En serio?
-Sí, ahora dame tu agenda que voy aponerle una nota a tu madre diciendo lo que has mejorado...
Pablo llegó a casa muy contento, no se lo podía creer. Y como parte del trato su madre le dejó apuntarse al equipo.
En el primer día de entrenamiento Pablo estaba muy contento, pero cuando les dijeron que había partido (amistoso) contra "El Aguila" el mejor equipo de la ciudad, patrocinado por Viajes "El Aguila"... dejo de tener tanto entusiasmo...
SI QUIERES SABER QUE LE PASA A PABLO EN EL PARTIDO DE FÚTBOL NO TE PIERDAS "PABLO Y SUS AMIGOS EN... EL PRIMER PARTIDO"
jueves, 11 de febrero de 2010
EL DIENTE EN LA MOCHILA
Era lunes, un día que suele costar a todos y para Íñigo más aún. A la hora del recreo Íñigo y su compañera Ángela bajaron al patio con todos sus amigos: Alba, Juan, María, Delia y Raúl. Al llegar al patio se pusieron a jugar al escondite. A Íñigo se le empezó a mover un diente. Él tenía muchas ganas de que se le cayera para que el Ratoncito Pérez visitara su casa, se metiese en su habitación mientras él dormía, se llevase su diente y le dejara un regalito. Durante las tres horas siguientes se estuvo moviendo el diente: en lengua, en plástica y en educación física. A la salida, su abuelo siempre le dejaba quedarse un ratito en el parque y su amiga Ángela también se quedaba un poco. Ángela, como era una impaciente, salió corriendo hacia el tobogán si quitarse la mochila y le dio a Íñigo un golpe tan fuerte que hizo que su diente saliera por los aires. Él decía que no se podía mover y, Victoria, la hermana de Ángela le ayudó a irse a lavar la boca. Ángela y María buscaron el diente por todas partes, pero no lo encontraron e Íñigo se puso a llorar porque pensaba que no iría el Ratoncito Pérez a su casa, pero su tía tatiana que le fue a ver le dijo que no pasaba nada y que el Ratoncito Pérez iría a su casa igualmente.
Por la noche, cuando Ángela estaba metiendo los libros y la merienda para el día siguiente, encontró el diente en uno de los bolsillos y decidió meterlo debajo de su almohada, pero si el Ratoncito Pérez le llevaba algo, se lo daría a Íñigo.
A eso de las doce, Ratón Pérez salió de su caja de zapatos para ir a repartir los regalos a todos los niños que se les hubieran caído dientes. Cuando llegó a la ciudad de Ángela e Íñigo le empezó a pitar su radar-buscadientes, pero solo le salía la casa de Ángela. Entró en la habitación donde dormían Victoria y Ángela, debajo de la almohada de Ángela le dejó dinero.
Eran las nueve e Íñigo estaba muy enfadado porque el Ratoncito Pérez no le había dejado nada. Al llegar al colegio, en cuanto Ángela vio a Íñigo se echó a correr. Ángela abrió la mochila de su hermana, que, a diferencia suya, no solía perder las cosas, y sacó un pequeño monedero rosa y verde y de allí el dinero que le había dejado el Ratoncito Pérez por la noche. Ángela se lo dio e Íñigo se quedó muy sorprendido. Estaba tan contento que se puso a saltar por todo el patio y gritaba diciendo:"HA VENIDO RATÓN PÉREZ, HA VENIDO RATÓN PÉREZ". Y colorín colorado, este diente se ha encontrado.
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